El club de fútbol y la formación de jugadores

Cuando un club o grupo financiero decide comprar a un jugador en millones de euros, dólares o en la moneda que se pacte, lo hace conociendo una gran cantidad de información acerca de ese jugador. Información a la que no siempre accede el público en general.
Son los datos que debe conocer el comprador porque en ellos encuentra el respaldo y las garantías que le permitirán cerrar la operación.

En el caso de que el comprador sea un club, sus dirigentes no solo esperan que la compra se transforme en el éxito personal del jugador adquirido, esto es, el éxito de su rendimiento deportivo personal, sino también que ese rendimiento personal también se transforme en la mayor cantidad de títulos obtenidos mientras ese jugador luzca la camiseta de la institución compradora. De lograrse esto, la consagración deportiva siempre imaginada y pretendida en el inicio de la operatoria se convierte en una realidad, y el valor personal de reventa de ese jugador se incrementa con respecto al de compra.

Hay clubes que en determinados momentos, a veces urgidos por la necesidad de obtener logros deportivos inmediatos, deciden la compra de jugadores en el esplendor de su madurez y rendimiento.

Estos mismos clubes, en otros momentos, también deciden realizar determinada compra aunque el jugador no esté en su máximo pico de rendimiento al momento de cerrar la operación. Seguramente porque han visto en él condiciones que pueden desarrollarse en un futuro más o menos cercano y de las que pueden obtener beneficios muy provechosos.

Hay otros clubes, de muy diferente situación financiera, que adquieren jugadores con un nivel de rendimiento inferior y hasta muy inferior a estos últimos, optando incluso por la compra de jugadores jóvenes, pensando en el desarrollo de las condiciones innatas que ya han visto en ellos.

Ahora bien, las diferencias en las sumas de dinero que se pagan entre cada uno estos ejemplos son siderales.

Los clubes que pueden comprar jugadores ya formados y en su máximo rendimiento, son los clubes cuyas economías son las más poderosas del planeta. Sucede a todas luces con Real Madrid y Barcelona en España, Manchester Utd., Chelsea o Arsenal en Inglaterra y Milan e Inter en Italia, solo por mencionar algunos.
Es lógico entonces que, disponiendo de los recursos económicos para hacerlo, el objetivo de la compra apunte a obtener un beneficio inmediato. No hay tiempo que perder. Para eso se han pagado tantos millones, y cuantos más hayan sido, más inmediato debe llegar el éxito. Esto es lo que se demanda de ellos.

Lo clubes que no pueden competir en ese mercado donde se compran y venden las grandes estrellas, por decirlo de algún modo, limitados por las restricciones de sus economías, deben conformarse con lo mucho o poco que puedan hacer sus jugadores partido tras partido. Por lo pronto, lo que están resignando es la ilusión del éxito deportivo inmediato.
Muy poca o ninguna es la posibilidad que tienen estos clubes de obtener algún título de importancia en torneos de cierta duración, frente a planteles que hasta llegan a triplicar su valuación. Entonces, año tras año, el ciclo se repite inevitablemente, y los sueños de campeón renacen y se desvanecen a poco de andar.

Ahora bien, cuál podría ser la posibilidad que tiene un club de escasos recursos financieros de poder romper este círculo vicioso en el que siempre está empantanado por las mismas restricciones, y pararse seriamente en un lugar otro, un lugar diferente desde donde sean posibles otras cosas?

Me voy a permitir traer una idea que me parece interesante.
Esto ha ocurrido y ocurre en la Argentina como también en muchos otros lugares del mundo donde el fútbol ocupa un lugar de privilegio entre los deportes practicados: me estoy refiriendo al desarrollo de políticas orientadas a la elaboración de la propia materia prima, los jugadores.

Cuáles son los objetivos y tiempos lógicos de este trabajo: en la primera etapa, esencialmente de búsqueda y acumulación de información, la tarea se orienta a la detección y elección de niños y jóvenes con habilidades especiales para este deporte, mientras que en la segunda etapa, la tarea se destina a completar la formación total del niño o joven seleccionado, obteniendo un producto final hecho a la medida del consumidor.

Los clubes que mayores provechos han sacado con la implementación de este tipo de políticas, fueron aquellos que han podido crear y sostener en el tiempo esta modalidad. Y no fueron exactamente los clubes económicamente poderosos quienes la iniciaron.
Cuando digo que han sacado el mayor provecho, me estoy refiriendo a que el costo total de la inversión realizada, esto es, todo lo que se gastó en detectar y formar enormes cantidades de futuros jugadores de fútbol, fue absolutamente insignificante con respecto a la suma que se recaudó con la venta de uno solo de ellos.

Si bien las cifras que se pagan por un jugador en la actualidad difieren muchísimo de las que se pagaban en la época que jugaba Maradona y tantos otros de su generación, por ejemplo, el dinero que Argentinos Juniors ingresó a su economía por su venta definitiva fue muy por encima de lo que este club invirtió en su formación. No obstante lo absurdo de aquella cifra, si pensamos en el dinero que se pagaría por él en la actualidad, ese dinero significó un ingreso de altísimo valor para su club de origen, tan limitado económicamente como todos los clubes pequeños de cualquier parte.
Valioso no solo por la suma de dinero, sino porque además permitió reafirmar la idea original y confirmar el acierto de los esfuerzos realizados por toda esa estructura de trabajo. Hay una infinidad de ejemplos como éste.

La necesidad y la imaginación creativa llevaron tanto a clubes como a educadores con iniciativa propia, a construir verdaderas fábricas de hacer jugadores. Una primera estructura de trabajo fue suficiente para empezar a recorrer cada centímetro de nuestro país hasta llegar a encontrar los niños más talentosos que luego completarían su formación en el club.
Estos pioneros en la tarea de selección y formación de jugadores de fútbol, realmente han anticipado un camino de búsqueda alternativo, en un medio de muy pocos recursos.

De todas estas experiencias, han surgido auténticas escuelas de fútbol, las cuales fueron capaces de moldear a varias generaciones de jugadores en la Argentina, incluso preservando y estimulando características propias de nuestro fútbol.
En ellas, muchísimos niños y jóvenes se han formado y consagrado como jugadores, primero en sus clubes de origen, luego en las diferentes categorías del equipo nacional, y finalmente en muchos equipos de Europa vendidos a ellos por muchos miles de dólares.

¿Cuál es el mérito que le puedo adjudicar a esta tarea?
Creo que hay dos aspectos: el hecho de incorporarlos formalmente a un club posibilita la sistematicidad de un trabajo, potenciando las virtudes que el jugador trae con él. A esto hay que sumarle la enorme experiencia que se adquiere a través de la competencia. Ambos aspectos tienen de por sí un plus de valor, y representan enormes ventajas con respecto al niño que juega simplemente por diversión.
Las habilidades que desplegaron nuestros jugadores por el mundo, no podríamos adjudicárselas totalmente a la tarea formativa, pero estoy seguro que esas virtudes fueron optimizadas con el trabajo de cada día hasta alcanzar su máxima capacidad de expresión.

En la Argentina existen muchos jugadores anónimos que nunca sabrán que son excelentes jugadores, nunca sabrán que pueden ser jugadores profesionales y muy bien cotizados. No lo sabrán porque no tuvieron una posibilidad de ser vistos, o porque el mercado en la Argentina está saturado de buenos jugadores.
Así es como tantos y tantos de ellos quedan definitivamente al margen de esta posibilidad de inclusión en un club, dentro del cual poder completar su desarrollo, consagrándose luego como jugadores profesionales.
La Argentina derrama su propia riqueza desde tiempos inmemoriales. Y no solo con el fútbol.
Muchas veces he pensado en esta riqueza que se pierde. En las virtudes que reúne un jugador por un lado, y en el capital de inversión tan distante de estas virtudes por el otro. Y entre ellos, no hay encuentro. Y todo se malogra, en silencio y sin nadie.

Si convenimos que la tarea de formar jugadores es una tarea que requiere tiempo, y que nunca se sabe exactamente cuánto debido a que cada jugador es un mundo con reloj propio, considero que la tolerancia es la virtud fundamental que requiere este tipo de proyectos. Y que deben representar con mayor sabiduría, tanto dirigentes como entrenadores.
La tolerancia es como el soporte, el piso de este edificio llamado tarea formadora con niños y jóvenes.
En los clubes de algunos países donde estas experiencias todavía no han sido transitadas, o incluso mal transitadas, la prisa y ansiedad por ver los resultados, las presiones de ese particular entorno, y a veces la inexperiencia, suelen hacer sistemáticamente su trabajo.
Así es como se malogran los esfuerzos e ilusiones bienintencionados de tanta gente involucrada en el proyecto, se malogra el valiosísimo tiempo del jugador que ha quedado preso de esos equívocos, y lo que es peor aún, se descartan y abandonan caminos o procedimientos acertados tan solo por desconocer que han sido mal transitados o abordados.
Por eso, no hay nada más implacable que remitirnos a la variable resultado como la consecuencia de un trabajo realizado.
Es implacable porque refleja siempre y en su totalidad, los aciertos y errores del movimiento previo. Son como las marcas que se van dejando al caminar. Así es como hay países o regiones que progresan y otros que no, y dónde podríamos encontrar su causa sino en la sumatoria del empeño y la calidad total de su gestión.

Sea cual sea la situación y economía de cada club, creo que siempre es conveniente la idea de implementar programas orientados específicamente a la producción de los propios jugadores. Con más razón, si la economía del club está restringida en su capacidad de compra. No es la única, pero es una vía claramente posible para clubes de estas características.

Cómo podría uno sentirse grande y además ocupar plenamente ese lugar, dado que el solo sentimiento no alcanza para ser grande. Pues bien, creo que la realización de un trabajo puede respaldar ese sentimiento. Un trabajo pensado y planificado con inteligencia: qué pretendo obtener y cómo.
Si este sentimiento no tiene el respaldo de ese quehacer, como podríamos llamar por ejemplo a la tarea formadora de jugadores, ese sentimiento de grandeza es simplemente un deseo.

Prof. Roberto A. Rodrigo | Director Técnico de Fútbol
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