La capacidad técnica del jugador de fútbol

Bien es sabido que el patrimonio esencial de cualquier club de fútbol son sus jugadores.
Es un bien de uso y de intercambio que un club puede obtener y a partir del cual generar otros bienes.
Los clubes de fútbol, como pocas otras instituciones, tienen la enorme posibilidad de buscar y construir ese patrimonio, transformándolo en preciadas sumas de dinero acumuladas en forma de capital.
Un club que tiene buenos jugadores es bien probable que esté más cerca del éxito deportivo.
Y a su vez, una mayor cantidad de ofertas por parte de empresas deseosas de acompañar este éxito.
Varios son los razonamientos y deducidos que se pueden entrever.

Creo que lo que un club paga por la compra de un jugador de alto rendimiento, para decirlo de un modo muy general, es la historia y actualidad de su rendimiento deportivo.
Pero si lo vemos desde un punto de vista más específico, la técnica deportiva, es decir, la destreza coordinativa aplicada a este deporte tiene un valor superlativo.
Si bien la calidad técnica es uno de los varios recursos de los que dispone un jugador durante la competencia, bien vale decir que es el más buscado y valorado cuanto más esté asociado a la definición de un resultado.
Desde hace más de medio siglo, Argentina y Brasil vienen exportando esta especialización técnica no sólo con la venta de jugadores ya consagrados. Existen innumerables operaciones con juveniles de 14 y 15 años que, por diferentes y convenientes motivos, no alcanzan la repercusión en los medios como la de aquéllos. Recordemos que cuando el presidente del F.C. Barcelona acordó su primer contrato con Messi, éste apenas tenía 13 años.

Cuando la afición afirma y reconoce que tal o cual es un jugador extraordinario, creo que gran parte del elogio está destinado al reconocimiento de su capacidad técnica.
Pensado de este modo, el aficionado no está dejando de reconocer que ese jugador tiene otras condiciones igualmente excelentes.
Creo que la mirada de la afición se sigue redimiendo ante la belleza de la técnica detentada por algunos jugadores cuando éstos la invitan al espectáculo del fútbol.
¿Qué otra cualidad podría calar más hondo en el corazón y la sensibilidad de la afición?

La técnica deportiva escasea en la actualidad.
Los motivos son varios y no me detendré a analizarlos en particular.
Por lo pronto, decir que en la niñez de esta actualidad, el fútbol en tanto juego es una de las tantas opciones del extenso menú que ofrece la gigantesca industria del pasatiempo.
No olvidemos que la técnica deportiva es una capacidad que nace y se desarrolla con la misma ejercitación, y que el tiempo de la infancia que no se destina a su práctica, que es cuando todavía hay tiempo para configurar esta destreza, es irrecuperable.
A los 30 años se puede aprender e incluso mejorar la técnica deportiva. Por supuesto que sí.
Solo que el tiempo para ser jugador de fútbol profesional definitivamente ya pasó.
La técnica aplicada al fútbol lleva mucho tiempo de dedicación. Años, días y horas.
Y cuantas más hayan sido las horas, mayores serán las posibilidades de adquirir una mejor destreza técnica.

Ahora bien, nada se adquiere por simple espontaneidad.
La cultura y los valores heredados de una sociedad, la singularidad de cada historia engendrada en el seno de la familia y el juego como instancia motivadora en el proceso de aprendizaje, son elementos que tienen alguna responsabilidad en la adquisición de una técnica de excelencia consagrada como virtud en los jugadores de elite.

El ámbito social, cultura y valores
Vivir en un país como la Argentina donde el fútbol absorbe, estadísticamente hablando, cualquier otra disciplina deportiva relegando incluso otras expresiones y actividades igualmente interesantes de la vida cultural a una posición de escaso o relativo consumo, sumado esto al valor histórico otorgado a la técnica como identidad propia de nuestra cultura futbolera, nos permita entender por qué la tendencia y elección casi inevitable de un niño esté totalmente orientada a la práctica de este deporte.
En este marco social caracterizado por la fuerte influencia que ejerce el fútbol, la cantidad de niños que practica este deporte es categóricamente abrumadora. En Brasil paso lo mismo. Vaya uno donde vaya siempre se verá gente jugando al fútbol.
Cómo no afirmar entonces que la calidad técnica finalmente adquirida no tiene una estrecha relación con la cantidad de niños que practican este deporte, y con la valoración social que se hace de esta destreza.
Cuando un niño nace en la Argentina... ¿a qué otro deporte podría jugar?

El ámbito familiar, origen de la pasión futbolera
No cualquier niño destina todo su tiempo libre a jugar al fútbol. Al fútbol o a lo que sea.
Es raro encontrar a un niño que no le guste el fútbol. Muchos niños lo practican y en su amplia mayoría.
Pero jugar todo el día no cualquier niño lo hace. Y acá empieza la gran diferencia.
Cuando descubrimos a uno de estos ejemplares, inmediatamente desearíamos saber qué es lo que facilita y empuja esa práctica, práctica casi denodada, silenciosa y sin límites.
Pues bien, esa fuerza interna, incluso ajena a su voluntad, se llama pasión.
Es esta pasión la que se apoderó de este niño como deseo inconsciente.
El fútbol es ahora su único objeto y también causa de su existencia, pues ya no hay cansancio ni hora del día que pueda presentarse como límite alguno.
No estaríamos errados si decimos que ha sido en la singularidad del acontecimiento familiar donde podemos encontrar el origen de semejante pasión futbolera. Es cierto, muchas veces, abrazar el fútbol con tanta pasión es la salvación de ese niño.

La educación a través del juego
Con las influencias generadas en el ámbito social y el familiar, el juego es otro de los aspectos que colaboran de un modo decisivo en la práctica y desarrollo de la técnica.

Cualquier intencionalidad educativa que pretenda ser exitosa creo que debe incluir al juego como herramienta de enseñanza.
El juego es el ámbito por excelencia en el cual un niño ejercita esta destreza sin saberlo.
Para él, jugar es simplemente jugar.
Escuché decir a un maestro lo siguiente: cuando un niño es niño debe jugar. Su mundo es el juego.
Si un entrenador tiene a su cargo un grupo de niños de 8 años que desean ser jugadores de fútbol, por ejemplo, y en una clase los pone a correr durante 20 minutos para entrenarlos, es porque cree que así está ganando tiempo.
Seguramente los niños lo van a hacer porque a su vez creen que así serán mejores jugadores de fútbol.
Ahora bien, cada uno de estos niños no está perjudicando su salud a consecuencia de la carga física, aunque parezca algo dura.
El perjuicio para ellos debemos encontrarlo en el tiempo que se pierde en cuestiones que no tienen ningún valor a esa edad. Absolutamente ninguno. Ni siquiera tienen un valor a futuro.
Lo que es irrecuperable es el tiempo que se ha perdido para el desarrollo de sus capacidades coordinativas, nada más ni nada menos, las cuales están íntimamente ligadas a la técnica.
Nada más cierto que esta enseñanza.
Bueno es preguntarse qué valor tendría en estas edades, destinar parte del tiempo de una clase al desarrollo de las capacidades condicionales tales como la resistencia o la fuerza, si éstas ya se están ejercitando de todos modos a través de actividades que privilegien la coordinación motora general o específica del niño.

Así como un pianista o un bailarín ejercitan su técnica de ejecución desde muy temprana edad y durante muchos años, de igual modo en el caso del jugador de fútbol, el dominio y calidad final de su técnica será la consecuencia de la mayor o menor cantidad y calidad de estímulos que haya podido recibir con respecto a sus capacidades coordinativas a lo largo de su vida, y muy especialmente en su niñez.
Por supuesto que hay personas con mayor o menor predisposición para alcanzar una técnica más refinada.
Ciertos biotipos heredados favorecen algunas cosas pero hasta cierto punto. La predisposición por sí sola no construye nada.

Es la estimulación y ejercitación de esa predisposición la que favorece y optimiza esta capacidad hasta transformarla en una virtud.
Sucede lo mismo con la mayor o menor cantidad de fibras rápidas que deciden la velocidad de un atleta.
La mayor cantidad de fibras rápidas son consecuencia directa de su temprana estimulación.

Cuando digo que muy especialmente en la niñez, es porque este es el momento de mayor necesidad y avidez del aparato psíquico en la incorporación de datos. Avidez y necesidad del aparato psíquico para configurar la estructura del propio esquema corporal.
Los datos que el aparato incorpora a su memoria, son los datos de la experiencia corporal con el mundo, y las experiencias que ocuparán un lugar de privilegio en la memoria seguramente serán aquellas que hayan sido las primeras en inscribirse.
Lo que se ha inscripto primero tiene una mayor posibilidad de crear hábito.

Los niños de países donde efectivamente existe una verdadera planificación social y el deporte tiene un sentido y una función recreativa y de placer en la formación total del ciudadano, es bien probable que la elección del deporte se inicie en el momento más adecuado.
En la Argentina, para dar un ejemplo, donde el fútbol es considerado una vía directa para escapar definitivamente de las privaciones económicas, la elección comienza seguramente antes de lo que debería.
A los 6 años, los niños ya entrenan y juegan formalmente en equipos de clubes barriales que compiten en ligas infantiles de muy alto voltaje considerando lo temprano de estas edades. En este ambiente, se aprende y se foguea la inexperiencia y la candidez propias de cualquier niño. Tanto lo bueno como lo malo que ellos extraen del fútbol profesional queda allí bien remedado. Y también allí se experimentan los primeros signos relativos a la desmesurada presión por ganar.

Sin dudas la propuesta del docente debe estar orientada a crear la mayor cantidad de vivencias que favorezcan la estimulación de las capacidades coordinativas específicas de este deporte, recreando y actualizando la experiencia del esquema corporal con respecto a las tópicas tiempo-espacio-objeto.

Cuando este niño llega a los 15 años, la técnica deportiva ya debe estar adquirida. Se acabó el tiempo de la exclusividad.
A los 15 años, la técnica será compartida con el desarrollo de las capacidades condicionales tales como la fuerza, la resistencia, la velocidad y la flexibilidad muscular.
Para hacer una analogía, sucede lo mismo con las personas y su capacidad para jugar.
Las personas no pueden jugar mas que hasta una cierta edad. No porque no puedan, sino porque el tiempo disponible se destina a otras cosas. Cuando llegan las responsabilidades, llega el trabajo y el juego queda de lado. Del mismo modo, también va quedando de lado esta capacidad.
Con las capacidades coordinativas es igual: cuanto mas cerca uno está de la alta competencia, mayores son los tiempos y las cargas destinadas a la fuerza, la resistencia, la velocidad, la flexibilidad o los movimientos tácticos, y menores los destinados a la técnica deportiva.

Quienes puedan advertir lo decisivo de estos datos, podrán anticiparse y ganarle horas de muchísimo valor al tiempo de la infancia. Justamente, porque en esta misma infancia, está la cantidad de oro que muy difícilmente se podría sostener con ambas manos.

Prof. Roberto A. Rodrigo | Director Técnico de Fútbol
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