Algunas respuestas para pensar un fútbol mejor

Entrevista concedida por el Prof. Roberto A. Rodrigo a Rojo y Blanco C.F. de España.

¿En qué cosas piensa cuando un Club, una Asociación o Federación de fútbol lo contrata para mejorar el rendimiento de su equipo?

En primer lugar, debo decir que una institución de fútbol representa algo que trasciende la singularidad de las personas que me contratan.
Estas personas, que tienen la enorme responsabilidad de elegir y decidir cuál es la mejor opción al momento de contratar a un entrenador, en última instancia están representando los intereses de la afición en su conjunto.
Del mismo modo, cuando un entrenador formaliza su vínculo con una institución, aunque sea de un modo indirecto, también está aceptando un compromiso con las expectativas de esa afición.

Ahora bien, si miramos con un ojo algo más exhaustivo, cada sociedad, de la que también forman parte los mismos jugadores, tiene sus propias particularidades.
Hay rasgos propios de cada cultura, como es el caso de los hábitos y las costumbres, que efectivamente pueden potenciar o malograr la realización de un objetivo.
Por eso es tan importante reconocer rápidamente cuáles son los rasgos que conviene tomar de cada cultura.

Los países que todavía no han podido lograr con el fútbol objetivos de jerarquía internacional, tienen una actitud muy diferente con respecto al triunfo si los comparamos con aquellos que ya lo han conseguido, diría más expectante.
En ellos, los desaciertos en la elección del camino correcto es la consecuencia de algo que una y otra vez retorna de diferentes formas y con distintas caras para producir exactamente lo mismo: el fracaso.
Porque es la huella del triunfo deportivo lo que aún no ha podido fundarse como experiencia.
Entonces, todo se reduce a un simple anhelo, casi como aceptando que la vida es así y no pudiese ser de otra manera, resignando de este modo su derecho al triunfo.

Creo que el compromiso debe estar orientado en la construcción de esa inscripción, de esa primera experiencia.
Lo que en esta situación hará posible obtener una nueva actitud, una nueva visión y finalmente una identidad, son los conceptos.
Si nosotros como entrenadores nos entregamos a la indiferencia o incluso a la ansiedad de quienes pretenden obtener para hoy lo que no han logrado después de tan largo sueño, entonces estaremos perdidos como entrenadores.
Un concepto, cualquiera sea éste, debe ser siempre la referencia de nuestras acciones como equipo.
Lo que no debemos hacer es salirnos del concepto.
Porque si nos olvidamos de todo lo que nos ofrece este concepto, si nos olvidamos de su contenido, nos vamos a encontrar muy rápidamente con lo mismo de lo que intentamos alejarnos.
Lo equipos que mejor juegan no son los que más corren, sino los que saben qué hacer cuando tienen la pelota y cuando no la tienen. Bueno, este es un concepto.

Volviendo a su pregunta, fíjese la enorme cantidad de personas que directa o indirectamente están involucradas cuando se inicia un nuevo proceso de trabajo.
Bien, en estas personas pienso, en la alegría y en la felicidad que cada una de ellos tiene derecho a vivir y que el fútbol les puede dar como consecuencia de un trabajo bien hecho.
Una sociedad es lo que puede ser, pero en medio de ella, celebro y agradezco que aún siga habiendo gente que defiende la calidad de lo que hace, aún frente a la abrumadora tendencia de este mundo al que veo degradarse desde hace tiempo.

¿Cuál es la situación más difícil con la que se podría encontrar usted para poder desarrollar su trabajo?

Creo que la falta de pasión y la falta de honestidad es el peor escenario con el que se podría encontrar cualquier entrenador, porque en ambos casos, es imposible hacer algo.
El desconocimiento no es un obstáculo, porque en todos lados hay limitaciones y es absolutamente normal que así sea.
Sin embargo, aún en situaciones desfavorables, fíjese que hay miles de ejemplos de personas que han hecho de sus debilidades, sus mayores fortalezas.
Ahora bien, para que esto sea posible, lo que no debe faltar es una de las virtudes más importantes que yo espero de un jugador: su necesidad de mejorar.
A la inversa, lo que dificulta cualquier crecimiento, es cuando alguien supone que con lo que tiene alcanza. Y la verdad es que no alcanza… ni con lo que tiene, ni con lo que ha hecho. Siempre es necesario mejorar algún aspecto, inclusive para poder mantener lo que ya ha logrado.
En el mismo momento que un jugador, un equipo o una institución piensen que con lo que han hecho alcanza, habrán decidido su propio retroceso.
Por esto digo que cada problema tiene una solución posible, siempre que nos estemos refiriendo a que hay un interés o necesidad para resolverlo.
Ahora bien, si este interés no está, ni existe una intención verdadera, lo cual queda en evidencia a poco de andar, esto quiere decir que el problema es de tal gravedad que ningún entrenador podrá resolver.

¿Considerando su experiencia como entrenador, cuáles son las primeras decisiones que tomaría antes de iniciar su trabajo con el plantel?

Bueno, ya algo he dicho sobre esto, qué valores pondría de nuestro lado.
Pasión y honestidad son los que he mencionado primero, pero la determinación y la inteligencia en un jugador de fútbol son cualidades que también deben ser elegidas para integrar cualquier proceso que pretenda ser exitoso.
La inteligencia de un jugador, usted la puede ver rápidamente reflejada en la calidad de las decisiones que toma.

Otra de esas cualidades que también me parece decisiva, es la pasión por el trabajo en equipo.
Una cosa es tener a once virtuosos que juegan para sí mismos, lo cual nos indica que la idea del trabajo en equipo no tiene lugar, y otra muy distinta es cuando estas virtudes se ofrecen para potenciar el funcionamiento colectivo.
Acá podría agregar que el jugador que a mí me interesa, es aquel que considera a su compañero tanto o más importante que a él mismo.
La inteligencia, la honestidad o la solidaridad, son virtudes que se tienen o no se tienen.
Es como la velocidad. Los márgenes de mejora son ínfimos.
Cuando un jugador de elite se encuentra con su entrenador, la inteligencia, la honestidad o la actitud solidaria ya deben ser parte de él.

Como usted podrá ver, trabajar sobre estos aspectos resultaría imposible con jugadores de alto rendimiento, debido a la desproporción que existe entre el tiempo disponible para esto y la demanda de resultados.
Es posible mejorar la eficacia, es posible organizarnos mejor, es posible fortalecer la confianza, pero es imposible hacer de un jugador, un jugador solidario, emocionalmente estable o inteligente.
Por esto creo que estas virtudes ya deben venir con el jugador que elegimos - de esto se trata la elección inicial.
Para que un trabajo tenga chances de logar resultados en ese poco tiempo que disponemos los entrenadores, estas virtudes ya deben estar funcionando en la cabeza del jugador, es decir, deben ser la esencia de todo su ser.
Simplemente se trata de reconocerlas y tomarlas con el jugador que finalmente vamos a elegir para llevar adelante nuestra idea.
Cuando César Luis Menotti llegó para dirigir el F.C. Barcelona, les dijo a los dirigentes que ellos tenían en su cantera a un jugador que jugaba como Maradona.
Cuando los dirigentes le preguntaron a dónde estaba, él les dijo que eran ellos quienes lo tenían que averiguar.

Bien, mi tarea como entrenador entonces ya ha comenzado con esta primera elección que sin dudas es una de las más importantes.
Lo que viene después es el trabajo sobre aspectos más específicos como la preparación físico-técnica y la organización en el campo de juego.
Lo que acá se inicia es el desarrollo de acciones inherentes tanto a nuestra idea de juego, como también al modo de realizarla.
El modo de llevar adelante una idea, es lo que finalmente devendrá en un estilo y nos dará una identidad.
Así como una idea no se realiza de cualquier modo, puesto que cada una tiene requisitos extremadamente específicos, los ejercicios que se ponen en práctica tanto como los jugadores que la ejecutarán, deben tener una fuerte relación con esta idea.
Es la idea la que organiza las acciones y no al revés.
Cuando nosotros estamos desarrollando una idea, lo que hacemos es incorporar conceptos mediante ejercitaciones. Son ejercitaciones conceptuales.
Cuando trabajamos la distancia entre las diferentes líneas, estamos trabajando una parte de la idea acerca de cómo quiero que juegue mi equipo, a dónde presionar, cuándo presionar, etc. Para esto tendremos que tener un concepto que explique cómo hacerlo, y por qué es conveniente hacerlo de tal o cual modo.
Y si juego a presionar, es porque lo que finalmente quiero es que mi equipo tenga la posesión y el control del partido para poder conseguir lo que buscamos.
Ahí está la idea sobre el funcionamiento.

Lo que no tiene sentido es desarrollar acciones que no estén relacionadas con nuestra idea de juego. Esto sería una total pérdida de energía y tiempo.
Cada segmento de trabajo debe estar fuertemente ligado al crecimiento de esta idea.
Mientras más aspectos de ella se trabajan, más se fortalece el modo de realizarla.
Pero insisto, la decisión de todo lo que vendrá después está al principio de todo, justamente con la primera elección.

¿Es posible mejorar el rendimiento de un equipo si no dispone de jugadores estrellas o, para decirlo de otro modo, de jugadores muy limitados?

Sobre esto quisiera decir algo, al menos diferenciar dos cosas: una es la limitación, y otra es el límite, es decir, aquello que no nos permite ir más allá.
La limitación está relacionada con aquellos aspectos sobre los que es posible intervenir, luego de lo cual aparece un mejoramiento.
El límite en cambio, aparece cuando habiendo hecho el máximo, ya no es posible hacer otra cosa.
Voy a dar un ejemplo: la selección de Holanda que jugó la final de la Copa Mundial de la F.I.F.A. del año '74, dio su máximo en esos 90' que jugó frente a Alemania.
Conducidos desde afuera por aquel gran maestro que fue Rinus Michels, y por Johan Cruyff desde adentro, llegó a disputar esa final.
Aun así no pudo revertir el 1-2 final. ¿Por qué? Porque lo que se hizo presente fue el límite. El límite es siempre un encuentro, un encuentro con una imposibilidad, algo que está más allá de nuestras posibilidades y sobre lo que no es posible decidir ni anticipar, por más esfuerzo que hayamos hecho.
En este ejemplo, lo que debemos simplemente entender es que hubo otro equipo que en esa final lo superó y punto. Fue el límite que encontró aquel maravilloso equipo de Holanda.
Quise tomar el ejemplo de este grandísimo equipo, pero para que se vea claramente que acá no se trató de lo que le faltaba mejorar.

Para volver a su pregunta referida a la relación entre la calidad individual y el rendimiento grupal, aun teniendo jugadores muy limitados, siempre se puede mejorar el rendimiento de un equipo y también obtener objetivos satisfactorios que hagan feliz a mucha gente, sin dudas.

Los entrenadores trabajamos sobre las limitaciones de nuestro equipo, se supera un determinado número de ellas y de este modo se amplían las posibilidades de lo que ese equipo puede hacer.
Ahora bien, si el equipo de fútbol que representa a los bomberos de mi barrio disputa un partido contra el F.C. Barcelona, el límite aparecerá inmediatamente.
Por esto digo que el máximo esfuerzo nunca alcanzará cuando nos encontramos con el límite, se trate del equipo de bomberos o del mismo F.C. Barcelona.
Esto es algo que deberíamos saber para no ocupar nuestra cabeza en cosas que están en un plano sobre el cual no podemos actuar ni decidir.
Porque el límite es el límite, y no hay equipo que no lo tenga.
Nuevamente: los entrenadores trabajamos para dar una solución a lo que es posible, cómo mejorar tales y cuales aspectos.

¿Qué idea tiene usted sobre el éxito, cómo lo piensa?

El éxito es el resultado final de un proceso que ha terminado de forma satisfactoria.
Hemos establecido un objetivo y lo hemos conseguido.
Pero como la palabra éxito nos remite a un final y no nos dice mucho, sería más productivo relacionarlo con lo que estaba diciendo anteriormente: con todo aquello sobre lo que fue posible intervenir y que ha precedido a este final.
Sobre esto quiero mencionar algo que me parece importante: la condición de posibilidad de este éxito es sin dudas el deseo o la necesidad, que es casi lo mismo.
Tengamos presente que este deseo o necesidad no aparece muy a menudo.
Este deseo, que se deja ver como un entusiasmo sin condiciones, nos ofrece a los entrenadores la posibilidad de hacer nuestra tarea.
A partir de aquí podríamos decir que se inicia un tiempo lógico de construcción de lo nuevo, la incorporación de conceptos digamos, los cuales debemos consolidar luego mediante la búsqueda de la eficacia.
A propósito de la eficacia, digo que cualquier proceso de trabajo la tendría que incluir como uno de los aspectos más importantes del rendimiento, porque es lo que decide si todo lo que hemos hecho concluye satisfactoriamente o no.
Un cierto período de trabajo puede haber sido muy productivo en sí mismo, pero si luego no podemos transferir a la competencia lo que hemos entrenado, el esfuerzo previo no valió la pena, lo cual no es aceptable.
El ejemplo clásico de esto es la tan usada expresión…"merecimos ganar, pero no tuvimos suerte".

Por supuesto que todos podemos acceder y disfrutar del éxito si por él hemos trabajado.
Habrá éxitos pequeños, objetivos que se consiguen día a día, y habrá otros que necesitan algo más de tiempo.

Yo digo que cuando un equipo se consagra campeón o logra el objetivo que se ha propuesto, lo que primero debería celebrar, o lo que me parece más justo celebrar, es el esfuerzo que ha hecho cada uno para poder superar sus propias limitaciones.
Lo que este equipo ha obtenido frente a los sucesivos equipos rivales, deberíamos considerarlo como el resultado de su propia superación individual y grupal, y esto está mucho antes que los equipos rivales.
Lo que personalmente he celebrado de esta Eurocopa 2012, es que España la ha conquistado jugando un fútbol de altísima calidad, pero también he celebrado su generosidad y falta de especulación.
Porque si la hubiese ganado Italia -o cualquier otro equipo con el mismo estilo de juego-, hubiese ganado una visión del fútbol cuyos argumentos se apoyan en recursos estratégicos absolutamente válidos, como lo es por ejemplo la especulación, pero sin dejarle nada a los tantos millones de personas y futuras generaciones de jóvenes futbolistas que han visto esa final.
En este punto, yo diría que la estrategia fue incorporada al fútbol para nivelar a los equipos que no tienen talento.
Y si usted me recordase que Italia obtuvo 4 veces la Copa Mundial de la F.I.F.A jugando con este estilo, yo le respondería que la alegría fue sólo para los italianos, pues a nosotros no nos ha permitido compartir ni disfrutar lo agradable que puede ser el fútbol jugado de otro modo, es decir, no sólo pensando en el resultado, sino también en el cómo se logra este resultado, que es el plus con el que la gente puede disfrutar, y los jóvenes aprender.
Desde mi punto de vista personal, el fútbol que ha mostrado España en esta Eurocopa como también Holanda en el '74, Brasil en el '70 o el mismo F.C. Barcelona en la actualidad, es la única razón por la que jamás perderé el interés en trabajar como entrenador.

¿Qué lo seduce de una propuesta de trabajo?

Esencialmente, son las ideas las que deberían coincidir.
O miramos hacia afuera o lo hacemos hacia adentro, o priorizamos únicamente el qué o también el cómo. La pregunta es dónde ubicamos el carro y dónde, el caballo.
Yo digo que el sentido de liderar un proceso de trabajo lo encuentro en el perfeccionamiento de los rasgos más valiosos que tiene mi equipo, y en la reunión de éstos con la idea que nos representará en adelante, en total detrimento de cualquier circunstancia o acontecimiento externo al desarrollo de nuestros propios recursos.
La culminación de un período de competencia, lo único que debería evocar es la masiva presencia que ha dejado nuestra propia intervención, y a la inversa, jamás el protagonismo de factores ajenos a ella.
Es una gran verdad la que le escuché decir a Johan Cruyff refiriéndose al juego del actual F.C. Barcelona: si yo tengo la pelota, yo decido.
Creo que el concepto es tan claro como simple: más allá de este concepto, no vamos a encontrar nada.
Si yo tengo la pelota y decido, aún no descubro el sentido de adecuar e incluso subsumir nuestro funcionamiento a tantas consideraciones que están más allá de lo que somos capaces, como por ejemplo al sobredimensionado análisis que se hace del equipo rival, tan de moda hoy, cuando después vemos que esos analistas han perdido por 4 goles de diferencia.
Quiero decir, no está mal disponer de esta información, porque tontos no somos, pero la intencionalidad primera y última del trabajo que me interesa, la agotaría por completo en todas nuestras posibilidades, y es el equipo rival quien debe preocuparse por nosotros.
O decidimos nosotros, o le damos esta posibilidad al oponente.

¿Cuál es la función de un entrenador, y cuáles son los límites de su rol?

Bueno, sobre esta pregunta voy a dar 3 líneas generales sobre lo que yo creo que es el rol de un entrenador: proteger, dar respuestas y tomar decisiones.
En las palabras de clausura de un curso de capacitación que he dictado en la Federación de Fútbol de Myanmar, les dije a los 35 entrenadores que allí estaban: lo primero que ustedes tienen que hacer como entrenadores es proteger a sus jugadores.
Proteger significa querer, porque esto es lo que un jugador espera de su entrenador.
Para mostrar esto voy a dar un ejemplo: si mi equipo va a jugar un partido y permito que vayan a jugar descalzos, digamos que estaría haciendo nada por protegerlos. Harán lo que puedan hacer jugando descalzos.
Bueno, con el entrenamiento es lo mismo.
Si yo permito que vayan a jugar sin haber entrenado todos los aspectos que hay que entrenar para estar en condiciones de derrotar al equipo rival, lo sepa o no lo sepa, esto significa que no soy capaz de proteger ni de querer a mis jugadores.
Al contrario, si mi equipo va bien preparado, estará fortalecido para afrontar y ganar su partido.
Tanto en el período de formación como en el del alto rendimiento, los entrenadores deben estar capacitados para poder ofrecerles a sus jugadores las mejores experiencias de entrenamiento.
Variarán los enfoques, pero es la calidad de estas experiencias lo que no se debe negociar.
Porque la calidad de las experiencias que le hemos dado a un jugador, es idéntica a la que él nos dará luego en el campo de juego. ¿Qué dudas hay, no?
Bueno, este es el modo de proteger a mis jugadores.

Por otra parte, el entrenador debe poder acertar en su lectura sobre lo que está pasando, porque hemos de suponer que está capacitado para poder anticipar cuáles son los problemas, o al menos para poder descifrar a dónde están, o a dónde se originan.
Y en este punto ofrecerá una solución.
Si esto funciona así, entonces estamos describiendo lo que efectivamente debería ocurrir, que cada cosa esté en su lugar.
Cuando un entrenador da la respuesta que le solucionó un problema a su equipo, este equipo se lo agradece pagándolo del modo más honesto que lo puede hacer: lo paga con su juego.

Bueno, he dicho que el entrenador tiene que tomar decisiones.
Sobre esto voy a decir lo siguiente: yo puedo aceptar preguntarle a un jugador en qué ubicación del campo de juego se siente más cómodo o piensa que podría sacarle más beneficios a su talento, que es como preguntarle por su preferencia con respecto a sus responsabilidades en el equipo, pero preguntarle con qué compañeros él siente que juega más cómodo, tal como lo escuché, es una pregunta que solo se la pueden hacer quienes nunca se avergonzarán de lo que son.
Bien, es el entrenador quien debe elegir y tomar las decisiones.
Evocando a un gran entrenador y excelente persona que conocí, él solía repetir: al final del día, el entrenador eres tú, a lo cual yo le agregaría "y por tí vendrán".
Por eso digo que siempre es mejor decidir por nosotros mismos, aun con la más errónea de nuestras más fieles creencias.

¿Usted me preguntaba sobre los límites del rol?
El límite de un entrenador aparece en el plano de la singularidad de cada jugador.
Uno como entrenador está imposibilitado de intervenir sobre aquello que es la esencia de cada jugador, su talento, su capacidad creativa, su espontaneidad, el modo en que éste resuelve, si lo hace de tal o cual modo.
Sobre esta singularidad, que es como un plano de intimidad de cada jugador, sería ridículo pretender intervenir.
Al contrario, es ahí donde el jugador debe expresar libremente su talento y ser él mismo, encontrarse con lo que es, porque de otro modo, sería como un robot.
Bueno, este es el límite.
El acuerdo o el contrato que un entrenador establece con sus jugadores, se hace en otro plano, en el plano de las cosas que son comunes a todos y en la que todos deben coincidir: principios, valores, ideas, objetivos, etc.
Pero de ningún modo sería aconsejable interferir en ese plano que pertenece a la singularidad de cada jugador.

¿Cuál es la desilusión más grande que usted podría tener al frente de un plantel?

La única desilusión que podría tener es de índole ética, es decir, cuando no se han respetado aquellos valores o ideas sobre los que hemos acordado defender y representar.
Lo mismo pasa cuando la traición o la infidelidad se concretan: es imposible recuperarse de eso.
Una persona ética tiene principios que jamás abandonará, aún bajo la adversidad de las circunstancias, porque es su identidad lo que ahí se pierde, y con ella lo que le da sentido a su vida.
Este es un tema muy delicado, fíjese que hay gente que ha dado su vida por ellos.

¿Cómo ve el fútbol en la actualidad?

Mire, yo le voy a contestar su pregunta, pero mi opinión no estará referida únicamente al fútbol.
Hay un viejo cuento árabe que más o menos decía así:
En cierta ocasión, un joven Califa le preguntó a su Gran Visir "¿Cómo podré hacer creer que sé si una poesía es buena o mala?", a lo que el Gran Visir le contestó "Siempre debes decir que son malas. Sólo te vas a equivocar una de cada cien veces".

Creo que ésta es una idea muy atractiva, porque permite salir de la ilusión engañosa con la que a menudo nos fascinamos.
A la vez es una señal muy alentadora para quienes sienten la necesidad de hacer algo bien hecho.
Yo digo que las metas personales deben ser bien pretensiosas, porque lo ordinario de la vida cotidiana trabaja sistemáticamente en la dirección opuesta, para debilitar nuestras expectativas.
Más bien es uno mismo quien debe cuidarlas y defenderlas, algunas veces contra la poca valentía de ciertas ideas establecidas, y otras contra el espejismo mentiroso del modelo mediático.

Volviendo a su pregunta sobre el fútbol actual, hay dos aspectos que quisiera diferenciar y comparar: lo que pasa adentro del campo de juego, y lo que pasa afuera.
Usted debe haber notado que hoy como nunca antes, existe una creciente proliferación de cursos de capacitación y actualización alrededor del mundo sobre distintos aspectos del fútbol.

El desarrollo que ha tenido en estos últimos años la tecnología y la informática, nos permite disponer de una variada gama de herramientas multimedia para mostrar y enseñar de qué se trata el fútbol, desde un simple DVD con el que podemos ver y recordar cuantas veces sea necesario, hasta programas que diseñan gráficos en 3d.
Esto es maravilloso ¿no le parece?
Y qué me dice usted acerca de las tantas clínicas y escuelas de fútbol que en mi infancia no existían, de la cantidad de libros, revistas y periódicos especializados que se imprimen y distribuyen alrededor del mundo, o de las horas que el fútbol ocupa en programas de TV.

Bien, el otro aspecto es lo que pasa adentro del campo de juego, y acá es donde ambas cosas no van de la mano.
Lo que veo adentro del campo de juego se agrava cada día un poco más, y es así como cada día nos conformamos con menos.
Lo que me resulta inadmisible, es la abundante pobreza de recursos conceptuales que veo en partidos de primer nivel, en campos de juego que también son de primer nivel, a lo cual se agrega la incapacidad para ejecutar correctamente acciones técnicas que pertenecen a los fundamentos del fútbol.
Lo que digo es que sobre esto no hay ningún pudor, y como si nada hubiese pasado, el ciclo se renueva.
Entonces, si lo que veo con estos ejemplos tan elementales resulta ser malo, imagínese el aburrimiento que debo sentir cuando espero que pasen otras cosas, o a la inversa, cuánta satisfacción y alegría me produce volver a recordar aquellos equipos que son parte de ese 1 por ciento al que se refería el Gran Visir, el porcentaje que necesito para seguir respirando.

Prof. Roberto A. Rodrigo | Director Técnico de Fútbol
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